¿Es la rabia una fuerza movilizadora que puedo utilizar a mi favor?

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La rabia, esa sensación que sentimos cuando un calor comienza a subir desde las vísceras hasta tocar la garganta y seguir camino hacia la punta de nuestros cabellos, a veces más intensa que otras, pero siempre sofocadora y casi siempre invasora.

¿Qué nos provoca esta sensación? ¿Cuánto tiempo demoramos en sacarla de nuestro cuerpo, mente y corazón? ¿Logra irse sola o tenemos que hacer algún tipo de “ejercicio” para ayudarnos? ¿Qué consecuencias nos deja? ¿Son consecuencias físicas o también emocionales?

Muchos nos hemos sentido esclavos de esta emoción y nos sentimos atacados y vulnerados, por esa sensación de no poder controlar lo que sentimos y por sobre todo, no poder parar las consecuencias que deja.

Expertos hablan de que los seres humanos nos hacemos adictos a ciertas emociones que en algunos momentos de la vida, nos han ayudado a salir de situaciones complejas.

“Tantas nuevas tendencias… ¿y ahora ‘coaching’?”

Emociones como la rabia son movilizadoras, nos ayudan a caminar con fuego en los pies y en el corazón. Y así dejar atrás sufrimientos que podrían habernos dejado en el suelo, desbastados.

Puede ser muy beneficiosa en muchos casos, pero ¿que consecuencias deja? ¿Y que sucede si me hice tan amiga/o de ella, que luego no espera a ser invitada, sino que solo llega y sin saber cómo, se apodera de espacios en los que no debería participar y peor aún, comienza a sabotear nuestras relaciones?

 

 

La rabia también nos ayuda a darnos cuenta que debemos poner limites, nos da “carácter”, dicen algunos.

¿Pero podemos controlarla? ¿Somos consientes de sus consecuencias? Consecuencias no solo en mi, si no en aquellos con los que nos relacionamos o con aquellos que amamos.

He escuchado muchas veces: “la rabia aparece en mi, siento que se apodera de mis palabras y de mis reacciones. Hago y digo cosas que en el minuto que las estoy diciendo o haciendo, sé que esta mal y me arrepiento, pero ella es más fuerte que yo y se me escapa”.

No siempre un “disculpas” sentido es capaz de comenzar a cicatrizar la herida que la rabia puede provocar. No solo produce heridas en los que reciben nuestros enojos, sino que deja dolor y angustia en nosotros mismos.

 

 

 

En general la gente suele gritar, golpear puertas, golpear a otros, llorar, incluso reír. ¿Pero qué pasa cuándo nos callamos nuestras rabias? ¿Qué sucede cuándo guardamos por tanto tiempo esas palabras que necesitamos expresar, pero que muchas veces no sabemos como decir y se van quedando en un lugar sin nombre?

Algunas personas explotan y es cuando el cataclismo y la violencia se vienen encima y las que no, se enferman.

Hace ya varios años se habla sobre la conexión que existe entre las enfermedades físicas y las emociones que no sabemos manejar. Existen estudios que relacionan la rabia a enfermedades como el colon irritable, la gastritis, la alopecia, el stress. Los desordenes alimenticios, desbalances químicos que terminan afectando la tiroides. Por nombrar algunas.

“La forma en la que hablamos, ¿podemos cambiarla? “

Cuántas cosas importantes dejamos de decir, cuántas cosas importantes dejamos de hacer por estar enojados. Cuántas puertas cerramos, cuánto de nosotros perdemos por no poder medir nuestros enojos, por no poder darles el tamaño adecuado, o por no poder soltar las rabias a tiempo.

¿Cuánto nos cuesta conversar de esto que nos pasa?

¿Qué emoción esta detrás de nuestra rabia: el miedo, la pena, la angustia, el dolor?

¿Será que podemos conversar sobre esto que nos pasa y así comenzar a ser consientes de la fuerza que tenemos frente a nosotros y así quizás utilizarla a nuestro favor?

 

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